Inteligencia

Se calcula que el 60% de las personas más imaginativas de la historia fracasaron en la escuela. Leonardo da Vinci, Charles Darwin, Steve Jobs, Bill Gates, Albert Einstein, Salvador Dalí, Stephen Hawking, Thomas Alva Edison… La lista es muy jugosa.

Robert Sternberg, psicólogo estadounidense experto en creatividad, dijo que “crear es un hábito, pero con frecuencia en la escuela se lo considera un mal hábito”.

El sistema educativo que se imparte en prácticamente todo el mundo está dirigido al hemisferio izquierdo de nuestros cerebros y se basa en la supremacía de las materias que fomentan la razón y la memoria. En otras palabras, las escuelas son fábricas de personas obedientes y sumisas que asumen y propagan la misma visión y los mismos valores.

Según los expertos existen dos formas de resolver problemas, la forma algorítmica y la forma heurística. La algorítmica opera con un conjunto de reglas que conducen a un único resultado correcto. La heurística plantea un infinito abanico de opciones que nos exige elegir. Poner en marcha la lavadora, conducir, medir el tráfico aéreo, rellenar un expediente o hacer la declaración de la renta requieren una solución algorítmica; educar a un hijo, escribir una novela, tener una feliz relación de pareja o superar una pérdida exigen una solución heurística.

Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos nos enfrentamos a un 30% de problemas algorítmicos y a un 70% de problemas heurísticos. Sin embargo, nuestro sistema educativo nos prepara para resolver preferentemente problemas algorítmicos. Por eso cuando nos enamoramos, sufrimos un desengaño, tenemos un hijo o nos sumimos en una depresión buscamos a nuestro alrededor un manual que nos describa los pasos a seguir para encontrar una solución. Pero por desgracia esos manuales no existen.

Un sistema educativo eficiente sería aquel que formara a los niños para convertirse en adultos creativos, proactivos, curiosos, intrépidos, emprendedores, críticos, inconformistas y valientes. Esos adultos construirían sin duda una sociedad más comprensiva, más armónica y más tolerante. Pero sobre todo serían hombres y mujeres que gestionarían mejor sus emociones y sus relaciones, serían más empáticos, más comunicativos, más sinceros y más optimistas.

A lo largo de nuestra historia las escuelas siempre han sido fábricas que han anulado el talento de las mentes más imaginativas. Ya va siendo hora de que empecemos a crear un nuevo sistema educativo que potencie la creatividad y nos enseñe a poner en práctica nuestras habilidades creativas innatas.Imagen